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Abuela, cuéntame otra vez qué sentiste cuando me viste por primera vez

Reflexiones

Abuela, cuéntame otra vez qué sentiste cuando me viste por primera vez

Cuando una mujer de 55 o 65 años ve a esa criatura frágil, diminuta y preciosa que forma parte de su legado y que la convierte en abuela, lo primero que siente es plenitud.
Desde que te vi, solo deseo una cosa: formar parte de tu corazón

En un interesante artículo publicado en el espacio “Psychology Today” titulado “Learning to Be a Grandmother” (aprender a ser abuela), se nos explican algunos muy interesantes. El primero es que la relación madre-hija, mejora. De pronto, se asume más bien un papel de “amiga-mentora” que resulta muy beneficioso para ambas partes.

El segundo detalle es que socialmente, necesitamos reinterpretar los papeles de los abuelos y las abuelas. En muchas familias, y dados los actuales tiempos de crisis, ellos actúan muchas veces como apoyo económico y también emocional. Por tanto, necesitan de un mayor reconocimiento institucional.
Aprender a ser abuela implica ante todo poner en marcha un potencial excepcional de auto-realización y crecimiento personal y por ello, se necesita a veces de una sociedad que sea más atenta y sensible con nuestras generaciones más mayores, pero increíblemente activos e importantes en nuestro día a día.

Por otro lado, la máxima aspiración de cualquier abuela es ganarse el corazón de sus nietos. Desea habitar para siempre en un pedacito muy especial de su interior, ansía compartir el máximo tiempo posible con ellos, pero sabe y entiende que su cuota de vida, es más limitada que la de sus nietos.

Así, una de sus tareas no es otra que la de trasmitir una educación basada en las emociones, en el reconocimiento, en la fortaleza de un vínculo que debe acompañar para siempre a ese niño que el día de mañana será adulto. La abuela se alzará como su mejor modelo, una persona que inspira, que da buenos consejos, que permite crecer sin sancionar, cultivar la ilusión, ser el abrazo cotidiano, la mano que acaricia, el regalo dado a escondidas y la sonrisa de la complicidad.


Las abuelas 2.0 no representan ya el “abuelazgo” clásico. Albergan la ternura y el cariño de siempre pero con la madurez, la independencia y el carácter del nuevo milenio. Y eso… es increíblemente positivo para nuestros pequeños.

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